02 agosto 2005


El mexicano que tocaba los huevos.

En el interior del piso-celia (día), el departamento de dirección de arte colocó tres huevos de colores a modo de perchero de recibidor. La tarde de la secuencia con niño (Martín, que sabía quien había matado al gato y a la nena) estos huevos empezaron a cobrar vida y a aparecer indiferentemente con la punta (o la parte más estrecha) hacia arriba o hacia abajo, mareando la perdiz de atrezzo y continuidad. Se formó casi por inercia un pequeño comité de investigación encargado de estar al tanto del culpable de tal agresión al raccord.

“Es uno de los mexicanos...” –dijo el director, en voz baja, mirando hacia otro lado.

Después de la toma diez o quince, mientras alguien (o álguienes) se quejaba del calor inhumano que se puede llegar a sufrir en una localización natural (es decir, poco habilitada), algunos de los que estábamos allí contemplamos el crimen. Solemne, con la mirada perdida en el Agustín que llevaba dentro y con la culpa resbalándole como el sudor del mes de julio en El Prat, D.G.C “el mexicano” modificó las primeras posiciones de dos de los tres huevos-percheros con un gesto hábil y delicado que helaba la sangre.

D.G.C. nos miró y al darse cuenta de que su crimen podía no quedar impune puso una cara de niño travieso que nos conmovió... Juramos no decir nada aun arriesgando nuestros empleos y nuestro compromiso para con el bien de la película. Además, siempre tiene un punto emocionante y amoral (o cobarde, según se mire) ser cómplice del malo.

Pero cometió un error, un desliz, como morderse las uñas o llevar caramelos para dejar de fumar. Antes de empezar la siguiente toma (a saber...) se precipitó colocando de nuevo los huevos en la posición correcta. Y fue entonces cuando el bien, encarnado en aquel momento por Silvia, attrezzista, irrumpió en el plano y con el entrecejo lleno de ira le gritó a D.G.C. “¡Has sido tú, [y una palabrota]!” El comité, antes cómplice del malo, hizo gala de su chaqueterismo y empezó a reírse cuando a D.G.C. se le puso una cara muy como de susto imprevisto más que de arrepentimiento sincero (de hecho la trastada era una tontería como otra aunque aquí la redimensionemos para darle emoción)...

No hay comentarios: